domingo 5 de julio de 2009

fragmento II



A las siete de la mañana Sofía está despierta. De muy mal humor por dos razones: está exhausta y tiene frío. Camina, sintiéndose un poco mareada, hasta el baño. Todos los domingos son iguales para ella: días grises que merecen ser olvidados, cuya existencia se justifica únicamente por el periódico que la espera en el kiosco a unas cuadras de su edificio.

Hoy, en cambio, tiene una botella de vino blanco sobre su almohada. No recuerda cuántas copas se ha tomado, pero han sido las suficientes para diluir sus preocupaciones. En lo único que no ha podido dejar de pensar es en ese chico que la visita desde hace unas noches atrás. El jueves le reveló que se llamaba Alejandro. El viernes le regaló un dije con forma de duende. Y ayer llegó con guitarra en mano, dedicándole unas estrofas antes de desaparecer.

- Todavía no me dices que te ha traído por estos lados… - le había dicho Sofía en un intento de reclamo

- ¿Y quién te dice que vengo por voluntad propia, y no que tú me traes? Por cierto. Feliz cumpleaños atrasado

- ¡Deja de responder con preguntas! O me dices ahora mismo qué estás buscando o te largas …

- ¿Qué no ves? No es mi respuesta la que brilla por su ausencia… es tu cordura – le había dicho Alejandro tras un guiño.

- De paso me llamas loca, eh? Sigo esperando una explicación de tu parte… para mí nada de esto tiene sentido, pero tú sigues viniendo todas las noches…

- ¿Por qué te preocupa tanto el sentido de las cosas? Naturalmente, las cosas no tienen más sentido que el que le asignamos nosotros. Respira.


Incoherentes. Así eran todas las conversaciones entre ellos. Y breves, como si a la vida le faltara tiempo. Sofía se había vuelto adicta desde el primer minuto a la compañía de Alejandro. Esperaba con ansias la puesta del sol porque, de pronto, ese tormento que representaba intentar dormir, se había convertido en un motivo para sonreír. Eran minutos en los que paseaba por una montaña rusa. Mordiéndose las uñas por temor a que Alejandro no volviera. Sonrojándose cuando él improvisaba su llegada. Temblando cuando se daba cuenta de que se quedaba sin palabras.

Todo esto estaba a su alcance. Bastaba una dosis de 2mg de Rivotril antes de irse a la cama, para tener todo lo que siempre había deseado.

miércoles 1 de julio de 2009

Fragmento I

Sus ojeras la delatan. Sofía tiene escasas horas de sueño acumuladas en la semana. Lo que antes era un insomnio intermitente, acompañado de una lluvia de ideas para sus trabajos fotográficos , se había convertido en una pesadilla. Su cama no había vuelto a ser un lugar seguro desde la primera vez que Alejandro la visitó. En aquel entonces, ella tuvo la sospecha de estar alucinando a consecuencia de una ardua jornada de trabajo que había sobrellevado con dos cajas de cigarrillos y un termo de café.

- ¿Por qué no me das a probar de ese chocolate caliente?- fueron las primeras palabras de Alejandro

- Es café – le refutó ella, sin darse cuenta de que estaba hablando con una suerte de fantasma que había aparecido al otro lado de su habitación

El reloj que se encontraba sobre la mesita de noche corrió otros quince segundos antes de que se escuchara el chillido de Sofía.

- ¿Quién eres tú? ¿De dónde saliste?- dijo sin salir de su asombro, pero convencida de que debía estar soñando.

- La verdad es que esas son preguntas bastantes complejas para responder ahora, niña mía. Sólo puedo decirte que me he revolcado contigo en mis sueños más veces de las que puedes imaginarte. Entonces creí necesario venir a visitarte- le soltó Alejandro, como si fuesen viejos amigos.

Una lágrima estaba cayendo por la mejilla de Sofía. Porque podía recordar esa conversación palabra por palabra. Porque era justamente ahora que ella entendía su significado, pero Alejandro ya no estaba.


Alejandro tiene 28 años. Su novia está durmiendo en el mismo lado de la cama que todas las noches desde hace dos años, cuando decidieron vivir juntos. Con la diminuta ropa interior que cubre la piel blanquísima que lo enamoró el mismo día que se conocieron. Pero esa es otra historia.

Él lleva toda la noche y parte de la madrugada encerrado en el sótano componiendo una canción. Está totalmente borracho, porque es la única manera que ha encontrado de abrirle la puerta a la inspiración. Casi desnudo, porque se rehusó a vestirse luego de hacerle el amor a su chica en la ducha. Y la verdad es que sigue excitado, pero se ha negado a ir a la cama con ella porque le ha ocurrido algo bastante extraño. Mientras penetraba a su novia, Alejandro empezó a fantasear con otra chica de cabellos castaños y ojos brillantes.

- ¿Acaso no te parece divino despertar bañado en mi sudor cada vez que te quedas dormido en el sótano? – susurró la chica, cuya única prenda era un collar con un dije en el que se leía: Sofía.

Él se quedó perplejo un instante. En un abrir y cerrar de ojos estaba escuchando de nuevo los gemidos de su novia. No había más nadie acompañándolos bajo la regadera.

Alejandro y Sofía no se conocían, todavía. Mucho menos podían imaginarse que yo los espiaba en todo momento. Que iba a utilizarlos como marionetas. Que los torturaría hasta dejarlos sin aliento, sin alma.

Que estaban a punto de cometer el pecado que destruiría sus vidas


(Fotos: Yyellowbird Flickr)

lunes 22 de junio de 2009

C'est pas ma faute


Todo lo que anhelo es encontrar algo de paz
Pero no logro encontrarla en medio de tus discusiones, ni en tus palabras hirientes, ni en tus gestos desaprobatorios
No se asomo tampoco en esa mirada perdida, en esos oidos que me ignoran, en esa cabeza que se menea de un lado a otro reprochandome todo
Tampoco ha surgido entre tus insultos, entre tus reclamos sin justificación, entre tus malos humores que se llevan a todo el mundo por delante.
He pensado -já, que inocente- que después de disculparme por aquello que puede molestarte (¿Qué tan terrible puedo ser?) iba a sentir alivio.
Pero nunca es suficiente. No te cansas de hacer daño, de juzgar, de hacer sentir mal a las personas. Te quejas de tu soledad y no te das cuenta cómo has ido alejando a cada una de las personas que te quiere de tu vida. Por tus manías, por tus groserías, por tus caprichos. No se puede tener siempre la razón (creo que no lo sabes)
Me duele decirlo, y es que a veces pienso que yo puedo tener la culpa: soy un desastre, pero mientras escribo estoy mas convencida que hay conductas que son inaceptables. Y las tuyas se cuentan así. Te escribo porque sigo buscando algo de paz, pero hay días como hoy que ya ni puedo respirar tranquila. Hay semanas enteras que no puedo dormir. Yo que corro como perro faldero detrás de tí, alabándote. Yo que me callo a ratos para no crear mas abismos entre ambos.

Yo que me estoy ahogando en medio de esta rabia de querer gritarte que te amo tanto y te odio al mismo tiempo.

C'est pas ma faute

jueves 18 de junio de 2009

Lo que puedo contarte


Me siento.
No hay muchas cosas que pueda decir acerca de mí, que no conozcas.
Es decir, hay muchas cosas que ciertamente no conoces de mí, pero son pocas las que puedo contarte.
Cada letra que va quedando grabada aquí es un respiro que puedo tomar, un alivio, un suspiro.
Y los espacios en blanco me angustian incesablemente.
Como si tuviese miedo de que se quedaran así para siempre. Como que un día despierte y ya no quede nadie, no quede nada. La historias no se terminan de un día para otro. Mi capricho de colocar el punto final en un texto resulta inútil para la tequerdad de los párrafos que se aparecen cuando les da la gana.

He aprendido a vivir con ellos.

Y con las dosis diarias de auto-críticas. Por lo que hago. Por lo que no. Por lo que no está tan mal pero pudiese estar mejor. Por todo.
Y con la esperanza escondida en algún rincón de la ciudad. De esa que salta en las esquinas, que suelta gotitas de agua sobre tu cabello, de la que surge de una melodía en la radio.
Y con esa montaña rusa que no se detiene. Esa felicidad plastificada y esa tristeza exagerada. Con tus hipocresías en blanco y negro. Con mis tonterías aleatorias.
Y con la sensación de saltar al vacío. Un lunes a primera hora. 48 horas continuas. Con una nueva nacionalidad. Con las estrellas cuidandome de todo mal.
Y con la sensación de inutilidad. De ese botón de reinicio que se quedó trabado. El estorbo que resulta vivir, y lo innecesario en consecuencia de morir.
Y con lo poco. Esas migajas que no terminas de soltar, pero de las que logro aferrarme con fuerza. Eso que a cualquiera le resulta absurdo pero que a mi me basta para sobrevivir hasta mañana.
Y con lo mucho. Eso que voy acumulando por miedo a deshacerme de alguna parte de mí. Eso que conservo para convencerme de que no hay otra realidad que el futuro, y que el pasado es una factura que ya se venció.
Y con lo bizarro. Que me da para escribir todas las líneas del mundo. Que me da para destrozarte, para divertirte. Que me da para colocar mi cabeza en una bandeja de plata y mi corazón en otra. Que me da para inventar arcoiris los domingos en la tarde. Que me da como mas nada me ha dado.
Y con lo ajeno. Se va sumando en un pequeño diario, se recorta, se pega, se estira, se alarga. No es mío, pero me pertenece. Como las frases, los puntos, las ideas, los delirios.
Y con lo seguro. (nada lo es) Simplemente aquello que en su falsedad me mantiene hipnotizada, me hace creer, me da razones para caer, para levantarme. Lo seguro es una ilusión bastarda.
Y con lo que a fin de cuentas, me tiene aquí, contándote un montón de cosas que díficilmente entiendas. Esta prosa críptica que no termina de desnudarse por una tímidez innata.

¿Lo ves? Hay muchas cosas que no sabes de mí...
Pero son pocas las que puedo contarte...

miércoles 17 de junio de 2009

(...)






A ver ¡ Qué tropiezo !
Tú que no dices nada
(Yo que te beso en el cuello)
Sin salir de tu sorpresa
no te doy tiempo, doy media vuelta
No me tomas por el brazo
Como solías hacerlo
(...)
Maldigo entre dientes
Por cobarde y por valiente
Tu... ¿Qué estás haciendo?
Algo me cuentas, algo que no es cierto
Sospecho que te extraño despierto
Sospecho que te extraño durmiendo
Pero ya le prometiste a tu almohada
no pecar con mi recuerdo
(mi olor, mi sabor)
En cambio yo que disfruto
de la inestable situación
que es caminar tras tus huesos
no puedo parar de buscarte
un beso, más que beso, remiendo
Tú que intentas distraerte
que no tienes tiempo para incendios
que la pasión te ha consumido
te ha escupido y te ha devuelto
¿alguna vez fue malo?
¿alguna vez fue bueno?
(...)
el reloj dice que es hora
de voltearlo, de sacudir la arena
A mi que se me acabe el tiempo
Para dejar de ser alma en pena.

lunes 8 de junio de 2009

Lunes para morir






















Desperté no queriendo despertar
Desperté presagiendo mi muerte
respirando nostalgia
transpirando terror
desperté y suplicaba por volver
a la dimensión de fantasía
donde todo es seguro, nada muerde
donde nada hace daño
donde no hay lugar para la maldad
para el dolor, para la mala suerte
Desperté y quedé paralizada
Desperté sin desear la muerte hoy
pero sin esperanzas
como quien se ha despertado
y se da cuenta que ha muerto
mientras dormía
Y mientras estuve viva
tratando de alejarme
de mi fatal destino
de esa espantosa pesadilla
aprendí a pedir ayuda
aprendí a pedir una mano
que me llevara de vuelta al camino
aprendí a pedir un hombro
aprendí lo inútil que es tener miedo
cuando sabes que vas a morir
no puedes resignarte a vivir
escondido, temiendo
Y sobreviví.
No sé si mañana despierte
Pero hoy fue el primer día vivo de mi muerte.

domingo 24 de mayo de 2009

Y es... azul.


Azul como tu sonrisa
Azul como tu ira
Azul como el príncipe que no eres
Azul como tus ironías

Si es pecado,
lo cometeremos
Si es capital,
lo disfrutaremos
(dijimos)

Un beso que no se sabe si fue beso
que se vio en el espejo y preguntó:
¿Qué es esto? ¿Acaso somos dos?
(vivimos)

Y un estante, mil libros
cómplices del temor
Si tu tiemblas, yo he caido
he caído, por amor
(quisimos)

No hay planillas ni
decenas de requisitos
hay una sarta de poemas
y otro montón olvidado de escritos
(prometimos)

Un naufragio en brillo
inórganico y casi titilo
de rabia por dentro
me quedé sin un cobijo
se fugaron todos
cada uno se ha ido
sin pedir permiso
mucho menos perdón
sin inventar excusas
ni culpar a dios
se acabó la vida
se apaga la música
se seca la orilla
me voy quedando
sin borde, sin ciencia
sin idea, sin nombre
sin credo, sin techo
sin luz y sin hombre
he bajado diez pisos
para confesarte
que no confieso mas nunca
si alguna
aquella
o esta vez
llegué a amarte.