
En otro rincón abandonado de la ciudad, pudo haber tropezado con un coleccionista común y corriente: de monedas, estampillas, caricaturas, discos... Pero en esa esquina lo deslumbraron los ojos brillantes de ella, y apenas lo embrujó con su pícara sonrisa supo al instante que había algo más. Algo que no era su elegancia ni la gracia de su caminar. Tampoco el gesto tímido con el que escondía la cabeza cuando se sentía intimidada. ¿Eran acaso los infinitos centímetros de piel que se dejaban descubrir bajo su minifalda gris ? No, aunque resultaba una placentera distracción.
Ella, por su parte, se mostraba un poco arisca a las atenciones y caricias que le brindaba. Pero con los días se había vuelto más dócil, cada carta bajo su puerta y el beso de buenos día dejó der ser un ritual para convertirse en adicción.
- Y tú... ¿por qué estás aquí? ; preguntó, acosado por la curiosidad
- Ya te lo dije antes, soy coleccionista ; soltó ella con un guiño
- ¿De corazones rotos? ; interrogó bromeando
- De recuerdos ; afirmó con tranquilidad
Y así noche trás noche, antes de irse a dormir, ella le regalaba una historia enumerando orgías, borracheras, frustraciones, aventuras, y otros capítulos de su vida. Desde la vez que había conocido al Presidente en un bar de mala muerte y lo vio desfilando desnudo por los ascensores, aquella tarde en la playa cuando entró en un ataque de pánico bajo los efectos de la marihuana porque pensaba que la vida era una gran mentira y nada en el universo era real, de su viajes a escondidas con aquel famoso cantante argentino y de cómo le había compuesto una canción para su último disco, o el affair con un editor que le había prometido escribirle un libro pero apenas terminó el borrador decidió quemarlo.
Después de un año contando historias, se había quedado sin nada que contar. La última noche el no apareció en su habitación. Entonces entendió que se había esfumado para convertirse en un nuevo recuerdo para atesorar.
La luces del manicomio se apagaron y ella se fue a dormir pensando que nunca le dio las gracias por escuchar todas sus mentiras.









