miércoles 11 de noviembre de 2009

Coleccionista


En otro rincón abandonado de la ciudad, pudo haber tropezado con un coleccionista común y corriente: de monedas, estampillas, caricaturas, discos... Pero en esa esquina lo deslumbraron los ojos brillantes de ella, y apenas lo embrujó con su pícara sonrisa supo al instante que había algo más. Algo que no era su elegancia ni la gracia de su caminar. Tampoco el gesto tímido con el que escondía la cabeza cuando se sentía intimidada. ¿Eran acaso los infinitos centímetros de piel que se dejaban descubrir bajo su minifalda gris ? No, aunque resultaba una placentera distracción.
Ella, por su parte, se mostraba un poco arisca a las atenciones y caricias que le brindaba. Pero con los días se había vuelto más dócil, cada carta bajo su puerta y el beso de buenos día dejó der ser un ritual para convertirse en adicción.

- Y tú... ¿por qué estás aquí? ; preguntó, acosado por la curiosidad

- Ya te lo dije antes, soy coleccionista ; soltó ella con un guiño

- ¿De corazones rotos? ; interrogó bromeando

- De recuerdos ; afirmó con tranquilidad

Y así noche trás noche, antes de irse a dormir, ella le regalaba una historia enumerando orgías, borracheras, frustraciones, aventuras, y otros capítulos de su vida. Desde la vez que había conocido al Presidente en un bar de mala muerte y lo vio desfilando desnudo por los ascensores, aquella tarde en la playa cuando entró en un ataque de pánico bajo los efectos de la marihuana porque pensaba que la vida era una gran mentira y nada en el universo era real, de su viajes a escondidas con aquel famoso cantante argentino y de cómo le había compuesto una canción para su último disco, o el affair con un editor que le había prometido escribirle un libro pero apenas terminó el borrador decidió quemarlo.

Después de un año contando historias, se había quedado sin nada que contar. La última noche el no apareció en su habitación. Entonces entendió que se había esfumado para convertirse en un nuevo recuerdo para atesorar.

La luces del manicomio se apagaron y ella se fue a dormir pensando que nunca le dio las gracias por escuchar todas sus mentiras.

domingo 9 de agosto de 2009

entretanto


Una suerte de antología llevo guardada
para el día que quiera recordar y no pueda
me torture cuando me venga en gana
esperando no arrastrar secuelas
esperando no ahogarme en la espera
Y tal vez, quizás
arrancando de raíz,
mudándome de país
Empiece a olvidar
...tal vez, quizás.

Se me antoja tomar prestado
en lo lejano, lo imposible
en lo cercano, lo tangible
y soñar, como antes soñaba
y llorar, como antes lloraba
Y entonces,
tal vez, quizás
volver volver volver
en un día de nubes rosas
al atardecer
tal vez, quizás.

A unos pasos de atreverme
y a otros tantos de esconderme
adivina dónde fui a parar
sin dejar de preguntar
por el humo y los suspiros
nada se compara
con el sabor de un beso escondido
tal vez, quizás...
tal vez.

Entre tantas personas
Entre tantos lugares
Entre tantos momentos
Entre tantas palabras
Entre tantas preguntas
Entre tantas respuestas
Entre tantas desilusiones
Entre tantas esperanzas


Entretanto en el mundo,
dime
dime
dime ¿Por qué?

lunes 27 de julio de 2009

fragmento III

(all photos from: yyellowbird flickr)


19/06/2008

Alejandro:

¿Dónde te has metido? Te he esperado durante 4 noches. Y no sé nada de ti. Dejé de tomarme las pastillas, como me lo hiciste prometer la última noche que viniste. ¿Esto es una prueba? Si es así, creo que ya tuve suficiente. Ansío verte para contarte de mis sueños, sí, mis sueños. Es increíble… creo que nunca había vivido algo parecido. La primera noche que pude dormir sin problemas (y sin ayuda de las pastillas, claro) soñé contigo. Es la primera vez que sueño con alguien. Te me acercaste, te presentaste y me diste un beso. Como la realidad, pero más romántico. Luego te fuiste desvaneciendo hasta convertirte en colores de acuarela. Fue un sueño muy tonto y la verdad me daba algo de pena confesarlo, pero te extraño muchísimo…

S

---


27/08/2008

Para: Alejandro

Me pregunto: ¿Qué pasaría si voy a la farmacia de la esquina? Aun conservo un par de recetas falsificadas. ¿Volverías para rescatarme? ¿Volverías para ver cómo me suicido en mi intento por encontrarte? ¿Volverías? Porque es todo lo que quiero. Pero me detengo. Me torturo pensando que la razón por la que no has vuelto es tan dolorosa que prefiero desconocerla. Paso todo el día tratando de distraerme con mi nuevo trabajo… ¿te conté que ahora escribo para una revista? Claro que estás presente en todas las letras que plasmo. En el fondo es sólo una excusa, lanzar cartas en botellas al mar para ver si con la tormenta adecuada terminan por llegar hasta ti.

---


09/11/2008

La gente miente. Muy a menudo. Supongo que a ti no te gusta hacerlo. Porque de lo contrario ya hubieses vuelto: con una excusa, insultándome, con tu guitarra en la mano y una canción de disculpa. Pero no lo has hecho. Y yo de verdad estoy muriendo porque vengas con tu cara muy lavada diciendo que se te olvidó ver el calendario. Que te quedaste dormido durante cinco meses. Sería suficiente. Para sonrojarme de nuevo como una niña a tus pies. Como esas noches cuando me enseñaste que la vida no era justa, pero podía disfrutar el paisaje. O cuando me encontraste llorando en la madrugada en medio de un ataque de pánico y me dijiste que empezara a escribir. Desde entonces no he dejado de hacerlo. Mientras escribo esta carta siento miedo. Un miedo irracional que no puedo explicar. Juré que no volvería con el Rivotril. Pero es que tú me haces tanta falta… y entre tanto llanto me quedé sin nada para escribir.

Sofía

domingo 5 de julio de 2009

fragmento II



A las siete de la mañana Sofía está despierta. De muy mal humor por dos razones: está exhausta y tiene frío. Camina, sintiéndose un poco mareada, hasta el baño. Todos los domingos son iguales para ella: días grises que merecen ser olvidados, cuya existencia se justifica únicamente por el periódico que la espera en el kiosco a unas cuadras de su edificio.

Hoy, en cambio, tiene una botella de vino blanco sobre su almohada. No recuerda cuántas copas se ha tomado, pero han sido las suficientes para diluir sus preocupaciones. En lo único que no ha podido dejar de pensar es en ese chico que la visita desde hace unas noches atrás. El jueves le reveló que se llamaba Alejandro. El viernes le regaló un dije con forma de duende. Y ayer llegó con guitarra en mano, dedicándole unas estrofas antes de desaparecer.

- Todavía no me dices que te ha traído por estos lados… - le había dicho Sofía en un intento de reclamo

- ¿Y quién te dice que vengo por voluntad propia, y no que tú me traes? Por cierto. Feliz cumpleaños atrasado

- ¡Deja de responder con preguntas! O me dices ahora mismo qué estás buscando o te largas …

- ¿Qué no ves? No es mi respuesta la que brilla por su ausencia… es tu cordura – le había dicho Alejandro tras un guiño.

- De paso me llamas loca, eh? Sigo esperando una explicación de tu parte… para mí nada de esto tiene sentido, pero tú sigues viniendo todas las noches…

- ¿Por qué te preocupa tanto el sentido de las cosas? Naturalmente, las cosas no tienen más sentido que el que le asignamos nosotros. Respira.


Incoherentes. Así eran todas las conversaciones entre ellos. Y breves, como si a la vida le faltara tiempo. Sofía se había vuelto adicta desde el primer minuto a la compañía de Alejandro. Esperaba con ansias la puesta del sol porque, de pronto, ese tormento que representaba intentar dormir, se había convertido en un motivo para sonreír. Eran minutos en los que paseaba por una montaña rusa. Mordiéndose las uñas por temor a que Alejandro no volviera. Sonrojándose cuando él improvisaba su llegada. Temblando cuando se daba cuenta de que se quedaba sin palabras.

Todo esto estaba a su alcance. Bastaba una dosis de 2mg de Rivotril antes de irse a la cama, para tener todo lo que siempre había deseado.

miércoles 1 de julio de 2009

Fragmento I

Sus ojeras la delatan. Sofía tiene escasas horas de sueño acumuladas en la semana. Lo que antes era un insomnio intermitente, acompañado de una lluvia de ideas para sus trabajos fotográficos , se había convertido en una pesadilla. Su cama no había vuelto a ser un lugar seguro desde la primera vez que Alejandro la visitó. En aquel entonces, ella tuvo la sospecha de estar alucinando a consecuencia de una ardua jornada de trabajo que había sobrellevado con dos cajas de cigarrillos y un termo de café.

- ¿Por qué no me das a probar de ese chocolate caliente?- fueron las primeras palabras de Alejandro

- Es café – le refutó ella, sin darse cuenta de que estaba hablando con una suerte de fantasma que había aparecido al otro lado de su habitación

El reloj que se encontraba sobre la mesita de noche corrió otros quince segundos antes de que se escuchara el chillido de Sofía.

- ¿Quién eres tú? ¿De dónde saliste?- dijo sin salir de su asombro, pero convencida de que debía estar soñando.

- La verdad es que esas son preguntas bastantes complejas para responder ahora, niña mía. Sólo puedo decirte que me he revolcado contigo en mis sueños más veces de las que puedes imaginarte. Entonces creí necesario venir a visitarte- le soltó Alejandro, como si fuesen viejos amigos.

Una lágrima estaba cayendo por la mejilla de Sofía. Porque podía recordar esa conversación palabra por palabra. Porque era justamente ahora que ella entendía su significado, pero Alejandro ya no estaba.


Alejandro tiene 28 años. Su novia está durmiendo en el mismo lado de la cama que todas las noches desde hace dos años, cuando decidieron vivir juntos. Con la diminuta ropa interior que cubre la piel blanquísima que lo enamoró el mismo día que se conocieron. Pero esa es otra historia.

Él lleva toda la noche y parte de la madrugada encerrado en el sótano componiendo una canción. Está totalmente borracho, porque es la única manera que ha encontrado de abrirle la puerta a la inspiración. Casi desnudo, porque se rehusó a vestirse luego de hacerle el amor a su chica en la ducha. Y la verdad es que sigue excitado, pero se ha negado a ir a la cama con ella porque le ha ocurrido algo bastante extraño. Mientras penetraba a su novia, Alejandro empezó a fantasear con otra chica de cabellos castaños y ojos brillantes.

- ¿Acaso no te parece divino despertar bañado en mi sudor cada vez que te quedas dormido en el sótano? – susurró la chica, cuya única prenda era un collar con un dije en el que se leía: Sofía.

Él se quedó perplejo un instante. En un abrir y cerrar de ojos estaba escuchando de nuevo los gemidos de su novia. No había más nadie acompañándolos bajo la regadera.

Alejandro y Sofía no se conocían, todavía. Mucho menos podían imaginarse que yo los espiaba en todo momento. Que iba a utilizarlos como marionetas. Que los torturaría hasta dejarlos sin aliento, sin alma.

Que estaban a punto de cometer el pecado que destruiría sus vidas


(Fotos: Yyellowbird Flickr)

lunes 22 de junio de 2009

C'est pas ma faute


Todo lo que anhelo es encontrar algo de paz
Pero no logro encontrarla en medio de tus discusiones, ni en tus palabras hirientes, ni en tus gestos desaprobatorios
No se asomo tampoco en esa mirada perdida, en esos oidos que me ignoran, en esa cabeza que se menea de un lado a otro reprochandome todo
Tampoco ha surgido entre tus insultos, entre tus reclamos sin justificación, entre tus malos humores que se llevan a todo el mundo por delante.
He pensado -já, que inocente- que después de disculparme por aquello que puede molestarte (¿Qué tan terrible puedo ser?) iba a sentir alivio.
Pero nunca es suficiente. No te cansas de hacer daño, de juzgar, de hacer sentir mal a las personas. Te quejas de tu soledad y no te das cuenta cómo has ido alejando a cada una de las personas que te quiere de tu vida. Por tus manías, por tus groserías, por tus caprichos. No se puede tener siempre la razón (creo que no lo sabes)
Me duele decirlo, y es que a veces pienso que yo puedo tener la culpa: soy un desastre, pero mientras escribo estoy mas convencida que hay conductas que son inaceptables. Y las tuyas se cuentan así. Te escribo porque sigo buscando algo de paz, pero hay días como hoy que ya ni puedo respirar tranquila. Hay semanas enteras que no puedo dormir. Yo que corro como perro faldero detrás de tí, alabándote. Yo que me callo a ratos para no crear mas abismos entre ambos.

Yo que me estoy ahogando en medio de esta rabia de querer gritarte que te amo tanto y te odio al mismo tiempo.

C'est pas ma faute

jueves 18 de junio de 2009

Lo que puedo contarte


Me siento.
No hay muchas cosas que pueda decir acerca de mí, que no conozcas.
Es decir, hay muchas cosas que ciertamente no conoces de mí, pero son pocas las que puedo contarte.
Cada letra que va quedando grabada aquí es un respiro que puedo tomar, un alivio, un suspiro.
Y los espacios en blanco me angustian incesablemente.
Como si tuviese miedo de que se quedaran así para siempre. Como que un día despierte y ya no quede nadie, no quede nada. La historias no se terminan de un día para otro. Mi capricho de colocar el punto final en un texto resulta inútil para la tequerdad de los párrafos que se aparecen cuando les da la gana.

He aprendido a vivir con ellos.

Y con las dosis diarias de auto-críticas. Por lo que hago. Por lo que no. Por lo que no está tan mal pero pudiese estar mejor. Por todo.
Y con la esperanza escondida en algún rincón de la ciudad. De esa que salta en las esquinas, que suelta gotitas de agua sobre tu cabello, de la que surge de una melodía en la radio.
Y con esa montaña rusa que no se detiene. Esa felicidad plastificada y esa tristeza exagerada. Con tus hipocresías en blanco y negro. Con mis tonterías aleatorias.
Y con la sensación de saltar al vacío. Un lunes a primera hora. 48 horas continuas. Con una nueva nacionalidad. Con las estrellas cuidandome de todo mal.
Y con la sensación de inutilidad. De ese botón de reinicio que se quedó trabado. El estorbo que resulta vivir, y lo innecesario en consecuencia de morir.
Y con lo poco. Esas migajas que no terminas de soltar, pero de las que logro aferrarme con fuerza. Eso que a cualquiera le resulta absurdo pero que a mi me basta para sobrevivir hasta mañana.
Y con lo mucho. Eso que voy acumulando por miedo a deshacerme de alguna parte de mí. Eso que conservo para convencerme de que no hay otra realidad que el futuro, y que el pasado es una factura que ya se venció.
Y con lo bizarro. Que me da para escribir todas las líneas del mundo. Que me da para destrozarte, para divertirte. Que me da para colocar mi cabeza en una bandeja de plata y mi corazón en otra. Que me da para inventar arcoiris los domingos en la tarde. Que me da como mas nada me ha dado.
Y con lo ajeno. Se va sumando en un pequeño diario, se recorta, se pega, se estira, se alarga. No es mío, pero me pertenece. Como las frases, los puntos, las ideas, los delirios.
Y con lo seguro. (nada lo es) Simplemente aquello que en su falsedad me mantiene hipnotizada, me hace creer, me da razones para caer, para levantarme. Lo seguro es una ilusión bastarda.
Y con lo que a fin de cuentas, me tiene aquí, contándote un montón de cosas que díficilmente entiendas. Esta prosa críptica que no termina de desnudarse por una tímidez innata.

¿Lo ves? Hay muchas cosas que no sabes de mí...
Pero son pocas las que puedo contarte...