
Nacieron bajo la sombra de tres personas con figuras esqueléticas que merodeaban en los pasillos. No se sabe de dónde salieron, ni a dónde se marcharon, pero ella sabe que sí estuvieron. Dejaron un poco de duda en sus pensamientos, y se fueron transformando en algo cada vez más real que tomaba el control en su cerebro. Hay cosas que más nadie puede escuchar ni ver pero tu tienes la certeza de que si ocurrieron, aun cuando tratas de autoengañarte repitiéndole a tu mente que acaba de ser víctima de una ilusión óptica. Unos pasos, un sonido insistente en la ventana, puertas que se golpean una y otra vez. La valentía hace acto de presencia pero cuando sientes un escalofrío en tus piernas y una respiración que no es la tuya a tu lado, te paralizas por completo. Intento contar hasta diez, pero no puedo. Mi mente está en blanco, y detrás de tí hay alguien observándote. Pánico. Hay ojos en los árboles, detrás de las cortinas, en las partes oscuras de la alacena. ¿Nunca se va a ir?. No puedo dormir bien porque sé que hay un demonio levitando en frente de mi cama. No me muevo, no respiro. Me hago la muerta como deseando que se de por vencido y vaya en búsqueda de otra alma. Logro sobrevivir otro día. Pero pasan veinticuatro horas y al apagar la luz, vuelve. Esta vez se ríe. Me mira. Yo no lo veo, pero siento que puede examinarme a través de las sábanas. Soy vulnerable a su poder y trato de fingir, hago de cuenta que no noto su presencia. Me toca, desliza unas uñas largas y mugrientas desde mis pies hasta mi abdomen. Nuevamente soy presa del terror y cuando intento gritar puedo ver cómo el sonido queda ahogado en mi garganta. Mi voz se ha ido. Unas lágrimas ruedan por mis mejillas. Me hace flotar en el aire y mi cuerpo pierde la voluntad, de modo que en un momento estoy sumida en la completa oscuridad a su disposición. Gira sus dedos y al mismo tiempo mi cuerpo, inevitablemente, se da media vuelta. Acerca su rostro y me salpica con unas gotas de sangre. Saca la lengua, es roja como su piel, la va estirando y se vuelve morada. Ya tiene casi veinte centímetros de lengua afuera y su color se torna verde. Mis ojos están fijos en ese pedazo de carne verde que casi roza mi rostro. Luego la enrolla en forma de espiral y la devuelve a su boca. Me guiña un ojo e inmediatamente me doy cuenta que estoy en mi cama sudorosa, temblando y que todo ha sido una pesadilla. ¿O no?. Casi no puedo moverme, y sólo llevo la mano derecha hasta mi corazón el cual está latiendo tan rápido que casi no puedo contarlo. En medio del susto, vuelvo a quedarme dormida. Pasan las horas caprichosamente y en la mañana sólo recuerdo que tuve una pesadilla. Abro los ojos, y voy hasta el baño a lavarme la cara. Veo tres marcas negras en mi cuello que no había notado antes. No le doy importancia y bajo el rostro para seguir limpiando mi rostro. Sorpresa. Cuando subo la mirada el espejo se encuentra totalmente empañado y hay un mensaje que reza: Nos vemos esta noche. Y todas las que resten hasta que llegue tu hora. Has tenido suerte
¿Suerte? No lo creo.
2 comentarios:
Siempre he temido a la noche, tenido pavor y al mismo tiempo admiro, su belleza, y la oscuridad es mi eterna compañera, escalofriante relato, excelente.
Que puedo decir... aplausos de pie.
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