
Motivos hay de sobra.
Para quererte, para odiarte.
Para desaparecerte, para recordarte.
Para esperar sentada toda una vida.
Para maldecir tu sola existencia por lo que queda de eternidad.
Para pensar que ya no piensas.
Para creer que te quedaste sin credo.
Para soñar que se te esfumaron los sueños.
Para contar que te has quedado sin cuentos.
Motivos hay de sobra, has dicho.
Para deshacerte de esa carga inmoral, innecesaria que se escondía bajo cálidas palabras que sólo buscaban alejarse de la rutina.
Para decir que todo fue un espejismo insano producto de tantos años perdidos y ganados en una batalla inconstante contra la soledad y la incoformidad.
No pienso torturarte.
No pienso torturarme.
Pero cada gota que siga cayendo por la filtración que hemos dejado en el olvido, seguirá alimentando cobardemente este humilde rincón.
Siempre sobraron los motivos para aventurarse en el mar de lo desconocido.
En las sonrisas ajenas.
En la insensatez de desconocer al mundo entero y de entregarse a la filosofía del placer sin más remordimiento. Sin más evidencia que un beso apresurado. Sin más etiquetas que la de un amor improvisado. Y para los críticos que aun están a la espera de un resbalón para sacar las garras y devorar todo aquello de lo que nunca fueron testigos sólo me queda decirles: En su puta vida nunca podrán vivir algo tan sublime, ni parecido. Porque la verdad es que escrúpulos nos quedan pocos, y tampoco somos los más indicados para dictar una clase de ética, pero la sinceridad es algo que ustedes nunca conocerán. Quedaron pequeños errores como entregarnos por completo al azar y a las posibilidades, que terminaron jugpandonos mal. Pero cuando eres transparente no te importa más que serlo, y alcanzar esa pequeña felicidad que te proporciona el desprenderte de cualquier obstáculo en el camino para llegar hasta el capricho de turno. Capricho, digo, no por usar un descalificativo. Al contrario, tiene un significado muy personal, pero se me hace complicado y aburrido para explicar en este momento. Nadie sabe que queda. Nadie sabe a dónde se ha ido.
Mis dedos no se cansarán de hacer poesía clandestina acerca de lo prohibido que nos robó la vida.
2 comentarios:
estás de vuelta... bienvenida.
cómo siempre, cuchillo... buenos estos dos escritos. muy fino.
Amén.
PD: Ya me atrapaste.
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