
Me siento.
No hay muchas cosas que pueda decir acerca de mí, que no conozcas.
Es decir, hay muchas cosas que ciertamente no conoces de mí, pero son pocas las que puedo contarte.
Cada letra que va quedando grabada aquí es un respiro que puedo tomar, un alivio, un suspiro.
Y los espacios en blanco me angustian incesablemente.
Como si tuviese miedo de que se quedaran así para siempre. Como que un día despierte y ya no quede nadie, no quede nada. La historias no se terminan de un día para otro. Mi capricho de colocar el punto final en un texto resulta inútil para la tequerdad de los párrafos que se aparecen cuando les da la gana.
He aprendido a vivir con ellos.
Y con las dosis diarias de auto-críticas. Por lo que hago. Por lo que no. Por lo que no está tan mal pero pudiese estar mejor. Por todo.
Y con la esperanza escondida en algún rincón de la ciudad. De esa que salta en las esquinas, que suelta gotitas de agua sobre tu cabello, de la que surge de una melodía en la radio.
Y con esa montaña rusa que no se detiene. Esa felicidad plastificada y esa tristeza exagerada. Con tus hipocresías en blanco y negro. Con mis tonterías aleatorias.
Y con la sensación de saltar al vacío. Un lunes a primera hora. 48 horas continuas. Con una nueva nacionalidad. Con las estrellas cuidandome de todo mal.
Y con la sensación de inutilidad. De ese botón de reinicio que se quedó trabado. El estorbo que resulta vivir, y lo innecesario en consecuencia de morir.
Y con lo poco. Esas migajas que no terminas de soltar, pero de las que logro aferrarme con fuerza. Eso que a cualquiera le resulta absurdo pero que a mi me basta para sobrevivir hasta mañana.
Y con lo mucho. Eso que voy acumulando por miedo a deshacerme de alguna parte de mí. Eso que conservo para convencerme de que no hay otra realidad que el futuro, y que el pasado es una factura que ya se venció.
Y con lo bizarro. Que me da para escribir todas las líneas del mundo. Que me da para destrozarte, para divertirte. Que me da para colocar mi cabeza en una bandeja de plata y mi corazón en otra. Que me da para inventar arcoiris los domingos en la tarde. Que me da como mas nada me ha dado.
Y con lo ajeno. Se va sumando en un pequeño diario, se recorta, se pega, se estira, se alarga. No es mío, pero me pertenece. Como las frases, los puntos, las ideas, los delirios.
Y con lo seguro. (nada lo es) Simplemente aquello que en su falsedad me mantiene hipnotizada, me hace creer, me da razones para caer, para levantarme. Lo seguro es una ilusión bastarda.
Y con lo que a fin de cuentas, me tiene aquí, contándote un montón de cosas que díficilmente entiendas. Esta prosa críptica que no termina de desnudarse por una tímidez innata.
¿Lo ves? Hay muchas cosas que no sabes de mí...
Pero son pocas las que puedo contarte...
1 comentarios:
ciertamente... (y)
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