Sus ojeras la delatan. Sofía tiene escasas horas de sueño acumuladas en la semana. Lo que antes era un insomnio intermitente, acompañado de una lluvia de ideas para sus trabajos fotográficos , se había convertido en una pesadilla. Su cama no había vuelto a ser un lugar seguro desde la primera vez que Alejandro la visitó. En aquel entonces, ella tuvo la sospecha de estar alucinando a consecuencia de una ardua jornada de trabajo que había sobrellevado con dos cajas de cigarrillos y un termo de café.
- ¿Por qué no me das a probar de ese chocolate caliente?- fueron las primeras palabras de Alejandro
- Es café – le refutó ella, sin darse cuenta de que estaba hablando con una suerte de fantasma que había aparecido al otro lado de su habitación
El reloj que se encontraba sobre la mesita de noche corrió otros quince segundos antes de que se escuchara el chillido de Sofía.
- ¿Quién eres tú? ¿De dónde saliste?- dijo sin salir de su asombro, pero convencida de que debía estar soñando.
- La verdad es que esas son preguntas bastantes complejas para responder ahora, niña mía. Sólo puedo decirte que me he revolcado contigo en mis sueños más veces de las que puedes imaginarte. Entonces creí necesario venir a visitarte- le soltó Alejandro, como si fuesen viejos amigos.
Una lágrima estaba cayendo por la mejilla de Sofía. Porque podía recordar esa conversación palabra por palabra. Porque era justamente ahora que ella entendía su significado, pero Alejandro ya no estaba.
Alejandro tiene 28 años. Su novia está durmiendo en el mismo lado de la cama que todas las noches desde hace dos años, cuando decidieron vivir juntos. Con la diminuta ropa interior que cubre la piel blanquísima que lo enamoró el mismo día que se conocieron. Pero esa es otra historia.
Él lleva toda la noche y parte de la madrugada encerrado en el sótano componiendo una canción. Está totalmente borracho, porque es la única manera que ha encontrado de abrirle la puerta a la inspiración. Casi desnudo, porque se rehusó a vestirse luego de hacerle el amor a su chica en la ducha. Y la verdad es que sigue excitado, pero se ha negado a ir a la cama con ella porque le ha ocurrido algo bastante extraño. Mientras penetraba a su novia, Alejandro empezó a fantasear con otra chica de cabellos castaños y ojos brillantes.
- ¿Acaso no te parece divino despertar bañado en mi sudor cada vez que te quedas dormido en el sótano? – susurró la chica, cuya única prenda era un collar con un dije en el que se leía: Sofía.
Él se quedó perplejo un instante. En un abrir y cerrar de ojos estaba escuchando de nuevo los gemidos de su novia. No había más nadie acompañándolos bajo la regadera.
Alejandro y Sofía no se conocían, todavía. Mucho menos podían imaginarse que yo los espiaba en todo momento. Que iba a utilizarlos como marionetas. Que los torturaría hasta dejarlos sin aliento, sin alma.
Que estaban a punto de cometer el pecado que destruiría sus vidas
(Fotos: Yyellowbird Flickr)


5 comentarios:
shelly!! tiempo sin leerte.
me gustó mucho este cuento. está muy fino.
me confundió dos veces. de verdad está bueno bueno.
bien, muy bien.
Me encanta como relatas la historia. Sobre todo como describes las escenas de sexo crudamente y el final donde mencionas la parte del pecado y las marionetas, me encanta.
Ahora bien, ¿no has pensado en hacer una novela? Sería interesante explorar la idea de una chica que se vuelve loca y se acuesta con su alucinación o de un chico que ven en su novia una suerte de objeto sexual que lo ayuda a contactar con la persona que realmente le gusta. No sé, tu eres la creativa, me gustaría leerte.
@gerardo gracias por pasar por el blog !! a mi también me confundió un poco escribirlo... además las ideas estaban muy revueltas en mi cabeza... pero creo que poco a poco les he ido dando forma y espero poder plasmarlo aqui con mayor frecuencia ! No creas que me olvido de leerte, sólo que soy un poco mas tímida para comentar jaja.. un abrazo !
@anónimo: gracias por pasar a leer ! lo de la novela no lo pensé hasta anoche, cuando por fin le di forma y argumentos a la historia... pero ya veremos, ni siquiera me creo capaz de terminar el cuento...
Bueno, a mi me suele pasar lo mismo, pero lo que hago para solucionarlo es planear todo antes de si quiera poner un dedo en la computadora.
Luego voy escribiendo y reescribiendo hasta que me guste el resultado. Me considero muy arbitrario en esto.
Soy el anónimo.
Publicar un comentario en la entrada